A la hora de elegir un estampado, no se trata solo de gustos personales o tendencias pasajeras, sino de entender cómo cada diseño interactúa con el cuerpo y con la percepción visual. En este sentido, las rayas se han consolidado como uno de los recursos más eficaces para estilizar la figura, mientras que las pepas, aunque clásicas y encantadoras, suelen producir el efecto contrario.
El gran poder de las rayas, especialmente las verticales, reside en su capacidad para crear líneas continuas. El ojo humano tiende a seguir estas líneas de manera natural, recorriendo la prenda de arriba hacia abajo sin interrupciones. Este recorrido visual genera una sensación inmediata de mayor altura y delgadez, haciendo que la silueta se vea más larga, más limpia y mejor proporcionada. Por eso las rayas verticales son un elemento recurrente en trajes sastre, pantalones de vestir y vestidos diseñados para afinar la figura.
Además, las rayas ayudan a ordenar visualmente el cuerpo. Al marcar una dirección clara, reducen la atención sobre zonas específicas y distribuyen el volumen de forma más equilibrada. Incluso las rayas finas y de bajo contraste pueden suavizar curvas y aportar estructura sin rigidez, lo que las convierte en una opción versátil para distintos tipos de cuerpo.
Las pepas o lunares, por el contrario, funcionan como puntos de impacto visual. Cada círculo actúa como una pequeña pausa para la mirada, fragmentando la superficie de la prenda. Este efecto de repetición interrumpida tiende a ensanchar visualmente y a acortar la figura, especialmente cuando los lunares son grandes, muy juntos o contrastan mucho con el fondo. En lugar de alargar, los lunares enfatizan áreas concretas, atrayendo la atención hacia el ancho más que hacia la altura.
Otro factor clave es el movimiento. Las rayas generan una sensación de fluidez y continuidad, lo que transmite ligereza y elegancia. Las pepas, en cambio, aportan un aire más lúdico y decorativo, pero también más estático. Por eso suelen asociarse con estilos retro, románticos o infantiles, mientras que las rayas se perciben como más sofisticadas y favorecedoras en contextos donde se busca estilizar.
En definitiva, cuando el objetivo es afinar la silueta, alargar visualmente el cuerpo y proyectar una imagen más estilizada, las rayas son una elección estratégica. No se trata de descartar las pepas, sino de entender que cada estampado comunica algo distinto. Y en la conversación entre moda y figura, las rayas hablan el lenguaje de la verticalidad, la proporción y la elegancia.

